Mercado de San Miguel

El mercado Mercado de San Miguel sobre los terrenos del antiguo convento de San Miguel de los Octoes, derribado por Napoleón Bonaparte, surgió una plazuela sobre la cual se levanta, hoy en día, el Mercado de San Miguel. En sus orígenes el mercado estaba al descubierto y fue con la remodelación del arquitecto Alfonso Dubé y Díez cuando se cerró, dando así paso, el 13 de mayo de 1916, al aspecto actual.

Fue uno de los cinco primeros mercados de la ciudad que fue capaz de reunir entre sus paredes a numerosos comerciantes de toda España que buscaban ofrecer sus productos en un mercado cada vez más grande y notorio de la cuidad madrileña.

Los elementos que más lo caracterizan son los soportes de hierro fundido y la fachada en la que destaca la  armónica combinación de hierro, cerámica y cristal, éste último elemento fue añadido posteriormente a su construcción en todo el edificio, dando así más sensación de amplitud y luminosidad.

Tapas y tapeo por los puestos del mercado

Comer en el mercado de san miguel puede tener un precio elevado, aunque casi todas las opiniones son positivas, puedes ir a cenar o ir de tapas entre los puestos de los comerciantes del mercado.

En la actualidad conviven, en el Mercado de San Miguel, lo nuevo y lo antiguo a partes iguales, ya que se puede seguir adquiriendo nuestros productos  preferidos como siempre a la par que se puede disfrutar de los mejores platos y tapas en las terrazas que han surgido tanto en su interior como en los alrededores del mercado a lo largo de este tiempo, dándole así un nuevo enfoque al mercado y al barrio que lo acoge.

Historia mercado San Miguel y como llegar

Parte de la historia ya esta contada, para poder llegar o ir al mercado la dirección esta en la Plaza de San Miguel, no hace falta buscarlo en un mapa, debido a su estructura metálica es fácil reconocerlo.

Además, si tenemos inquietudes culturales, el Mercado de San Miguel nos ofrece una amplia oferta de actividades relacionadas con la cultura y el ocio en su interior que nos permite disfrutar, tanto niños como adultos, de un edificio tan querido y apreciado por los madrileños.